sábado, 24 enero 2026

La hazaña del quevedeño Walter Galarza para capturar un bagre de 180 libras

QUEVEDO. Para muchos, estar bajo el agua durante un minuto puede parecer una eternidad. Para el pescador quevedeño Walter Galarza, ese es el tiempo exacto en el que se define la gloria o el peligro. Tras dos años de estar alejado de los ríos por temas personales, Walter regresó por la puerta grande: capturó un bagre zúngaro de 180 libras en las profundidades de la Amazonía ecuatoriana. 

Pero esto no fue una pesca común. Walter practica la pesca con arpón a pulmón (apnea), un deporte extremo donde no hay tanques de oxígeno; solo están el pescador, su capacidad pulmonar y su habilidad con el disparo. «Nuestra pesca es selectiva. Bajamos a buscar la pieza más grande, la que ya cumplió su ciclo, respetando siempre el ecosistema», manifestó en una entrevista con ALDIA.

La hazaña

En la entrevista con ALDIA, Walter manifestó que hace unas semanas había viajado a la Amazonía y regresó con las manos vacías por falta de experiencia en ese terreno. Pero se quedó con el «bichito» de volver. Antes de finalizar el 2025, la oportunidad se presentó de nuevo. A unos tres metros de profundidad, divisó una grieta. Se acercó con precaución, aguantando la respiración, hasta que vio un bulto irregular. Era el gigante pez.

«Si usas el arpón de forma incorrecta, puede ser peligroso. El pez te puede enredar con la piola y causar una tragedia», comentó Walter. Sin embargo, aplicó los consejos de sus compañeros veteranos y disparó justo en el punto neurálgico, cerca de la columna, dejando al pez prácticamente paralizado. En menos de 50 segundos, la batalla había acabado.

Un récord para Quevedo

Cuando Walter salió a la superficie y sus compañeros le ayudaron a asegurar la captura, llegó el asombro. «Recién ahí nos dio el nervio. Ver esa bestia colosal fue impresionante», recuerda entre risas en la entrevista. Con 180 libras (unos 82 kilos), este zúngaro pulverizó su récord personal anterior, que era un pargo de 60 libras pescado en Muisne, contó.

A pesar de la magnitud de la hazaña, el pescado no llegó a Quevedo. Debido a las 20 horas de viaje y la logística necesaria para conservar un ejemplar de ese tamaño, Walter y su equipo optaron por comercializarlo allá mismo, ayudando así a costear los gastos de estas expediciones que como él dice,  hacen por pura pasión.

Orgullosamente quevedeño, Walter Galarza espera que este 2026 sea el año de su regreso definitivo a las aguas. Su mensaje para los aficionados es claro: «Si tienes un sueño, persíguelo y disfrútalo día a día». Por ahora, se queda con la satisfacción de haber vencido a un gigante a puro pulmón.

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