lunes, 16 febrero 2026

Menor de 14 años encuentra  a su padre sin vida en medio de la maleza y su taxi quemado en Quevedo

Dicen que los ojos de un hijo son el espejo donde un padre se ve eterno. Pero ayer, en un rincón olvidado de la avenida Revolución Ciudadana, en la ciudad de Quevedo, los ojos de «Carlos» (nombre protegido) se rompieron para siempre.

A sus escasos 14 años, la vida le obligó a cambiar los libros por el luto, y la esperanza por una imagen que ninguna mente infantil debería procesar: su padre, Yuri Fernando Arboleda Zambrano, yacía inerte entre la maleza, convertido en víctima de una crueldad que no conoce límites.

Una brújula de sangre y lágrimas

Desde el lunes a las 17:00 horas, el tiempo se detuvo para la familia Arboleda. El motor del taxi —propiedad de su hermana— dejó de rugir y el teléfono de «Pirata», como le decían con cariño, se sumergió en un silencio aterrador.

El martes, la ausencia ya quemaba; los mensajes no llegaban, las llamadas morían en el buzón y la angustia se transformó en una búsqueda desesperada por los rincones más áridos de Quevedo.

Fue el instinto de sangre lo que llevó a Carlos hasta aquel lugar. Allí, el pequeño gigante tuvo que ver lo indecible: su progenitor estaba con las manos atadas, una señal de la cobardía de quienes quisieron silenciarlo, y una herida profunda en su cuello que le arrebató el último suspiro.

Sus manos, que cada mañana se aferraban al volante para llevar el pan a casa, estaban inmovilizadas, impidiéndole defender el milagro de su propia vida.

El mensajero del dolor

Con la carita surcada por senderos de polvo y lágrimas, Carlos se mantuvo de pie. Con la valentía que nace de la tragedia, tomó el teléfono para hacer la llamada que nadie quiere hacer: la que mata la esperanza de sus otros dos hermanos y de su madre. «Papá ya no vuelve», fue el mensaje mudo que viajó por el aire, dejando a una familia entera náufraga en un mar de tristeza.

Para quienes conocieron a «Pirata», su partida no tiene explicación. Él no tenía enemigos; su única batalla era diaria y contra la adversidad, para sacar adelante a sus tres hijos. Sus allegados creen firmemente en una confusión, en un error del destino que puso a un hombre bueno en el camino de almas desalmadas.

Bajo la sombra de la impunidad

Hoy, en Quevedo, el cielo parece más gris. Yuri Arboleda Zambrano ya no recorrerá las calles de su ciudad, pero su nombre queda grabado en la mente de sus seres queridos

La familia Arboleda ahora camina por las sombras de la impunidad, esperando que la justicia no sea solo una palabra en los periódicos, sino un consuelo real que logre dar con los responsables de haber apagado la luz de un hombre que solo sabía amar y trabajar.

 

Lo último

Suscribirte

- Obtenga acceso completo a nuestro contenido premium

- No te pierdas ninguna historia con las notificaciones.

- Browse free from up to 5 devices at once

spot_img
ALDIA | Noticias de Los Ríos, Ecuador y el mundo