QUEVEDO. Mientras que el calendario marca el inicio de 2026, en algunos puntos de Quevedo el tiempo parece haberse detenido.
Grandes estructuras expuestas, oxidadas y llenas maleza es el paisaje que heredó el inicio del nuevo año y que se ha normalizado en la mayoría de los quevedeños.

Lo que había sido una promesa de soluciones definitivas para el desarrollo de los quevedeños, hoy son monumentos que dejan una huella de desconfianza, incertidumbre y decepción.
El último: el cuarto puente de Quevedo. Un proyecto que surgió durante la administración del exalcalde John Salcedo, con un costo de 9 millones de dólares, con el objetivo de unir el sector de Playa Grande con la Ruta del Río, a fin de descongestionar el centro de Quevedo, evitando que el transporte pesado atravesara la ciudad.
El 19 de marzo de 2021 se firmó el convenio entre el Gobierno y el Municipio con una inversión total de 18 millones para la construcción del paso a desnivel que se encuentra en La Atascoso y del cuarto puente carrozable. El primero se inauguró sin las obras complementarias, y el segundo nunca se terminó: ahora solo hay maleza, óxido y abandono total.

Pese a que pasó el plazo previsto del contratista, el puente no se terminó, y llegó la otra administración.
El alcalde Alexis Matute llegó y denunció que la Alcaldía estaba sin liquidez, que sólo se encontraron $360 en la cuenta destinada para el puente.
Más tarde, un informe de la Contraloría reveló que el dinero restante para el puente, que era de 4 millones, ya que la mitad ya se había pagado, se había desviado para gastos corrientes, deudas y otras obras en la administración anterior.
Actualmente, la obra se encuentra en un “limbo jurídico”. El prefecto de Los Ríos, Johnny Terán, se ofreció a apoyar en la concentración del puente en una entrevista en julio de 2025, en caso de que se resuelvan los problemas judiciales; sin embargo, Matute indicó que la estructura está sujeta a medidas cautelares impuestas por el contratista y que los problemas judiciales deben resolverse.
Soterramiento de Quevedo igual que los cables: ‘enredado’
La obra estrella del exalcalde Jorge Domínguez que se convirtió en unos de los mayores problemas técnicos y jurídicos de Quevedo.
Su inversión de 4 millones de dólares consistió en el soterramiento de los cables que se encuentran a lo largo de la calle 7 de Octubre, junto con una regeneración urbana con nuevas banquetas y árboles.
La regeneración urbana se llevó a cabo, aunque de forma superficial, pero el proyecto del soterramiento de cables quedó para los quevedeños como un mal recuerdo que hasta ahora no ha aportado ningún beneficio a la ciudad.

Las obras comenzaron a finales de octubre de 2017 con un plan de cuatro meses que no se cumplió. La obra está bloqueada por un problema judicial, por lo que es difícil que se reanude después de casi 10 años.
Según un informe final de la Contraloría General del Estado, la obra se adjudicó sin estudios completos ni aprobación técnica de la CNEL (empresa eléctrica) y la CNT (telecomunicaciones), por lo que los equipos instalados no eran adecuados y no se podían conectar porque no cumplían con las normas de seguridad eléctrica, siendo imposible pasar los cables por los tubos, también porque estos no eran adecuados.

¿Por qué quedó ahí? La falta de fiscalización también fue una de las causas. La Contraloría también reveló que el alcalde de entonces no contrató a ningún supervisor externo, lo que permitió al contratista cobrar las planillas sin una revisión técnica.
Ahora, los cables continúan colgados como tallarines y la actual administración de Alexis Matute ha declarado que no se puede invertir dinero nuevo hasta que la justicia determine las responsabilidades y liquide lo anterior.
Mercado del Río: construído, pero sin uso
El Mercado del Río es una obra municipal que, a pesar de haber sido construida en su totalidad, no se utiliza, convirtiéndose en un conocido “elefante blanco”.
Esta obra fue realizada durante el primer mandato de Jonh Salcedo (su construcción empezó en el 2011) y fue diseñada como un moderno centro de abastos para albergar a más de 310 comerciantes, con el objetivo de despejar las vías públicas y organizar la ciudad, pero, como dijo el mismo Salcedo una vez: “el remedio fue peor que la enfermedad”, ya que los comerciantes se negaron a usarlo, argumentando que “no llegaban clientes”.

La obra costó casi 4 millones y se hizo de todo para que no quede abandonada. Sin embargo, durante la administración de Jorge Domínguez (2014-2019), después de que los comerciantes se negaran a utilizarla, la obra pasó desapercibida, no se le dio mantenimiento y toda su estructura se deterioró, convirtiéndose en un “hogar” para personas en condición de calle, consumidores y hasta delincuentes.
Tras el regreso del segundo mandato de Salcedo (2019-2023), hubo muchos intentos de transformarlo en otros proyectos, como un museo, con otra inversión, pero todo quedó ahí hasta ahora. Los comerciantes siguen instalados en la parte inferior y no se avizora una reubicación. Se desconoce cuál será el destino de esta estructura y qué propuestas de cambio harán las próximas administraciones.
Este 11 de enero, esta obra cumple 10 años desde su construcción, y parece que el tiempo se detuvo en ese lugar.

