En una jornada marcada por la movilización masiva y definiciones políticas clave, el movimiento Revolución Ciudadana (RC) celebró este domingo su convención nacional en el Coliseo Lorgio Pinargote. El evento ratificó a Gabriela Rivadeneira como la figura central de la nueva directiva y contó con una fuerte intervención del expresidente Rafael Correa, quien se dirigió a la militancia vía telemática.
Cerca de 4,000 simpatizantes abarrotaron el complejo deportivo para recibir a la exasambleísta. Entre aplausos, flores y ovaciones, Rivadeneira ingresó al recinto pasadas las 10:30, consolidando su liderazgo como cabeza de la lista única para presidir la organización. En su discurso, la dirigente enfatizó la necesidad de fortalecer las bases del movimiento para recuperar el rumbo del país.
Rafael Correa: «Se han ido los que nunca debieron estar»
Uno de los momentos de mayor tensión y euforia ocurrió cuando la imagen de Rafael Correa apareció en las pantallas gigantes. Desde el exterior, el exmandatario realizó una crítica feroz a las gestiones gubernamentales posteriores a su periodo, asegurando que «han destruido el país».
Sin embargo, sus palabras más punzantes llegaron al referirse a la cohesión interna del movimiento, marcando una clara distancia tras el reciente anuncio de Marcela Aguiñaga de formar una nueva organización política:
«Del movimiento se han ido los que nunca debieron estar.» — Rafael Correa.
Correa aprovechó el espacio para agradecer el liderazgo saliente de Luisa González y reconocer la trayectoria de Rivadeneira, además de exaltar el sacrificio de los militantes que viajaron desde diversas provincias.
Un movimiento en expansión
Por su parte, Luisa González presentó un balance de su gestión, destacando el crecimiento estructural del partido:
70,000 militantes ya registrados en el proceso de carnetización.
72 colectivos oficialmente reconocidos y 31 en proceso de validación.
Creación de un nuevo reglamento para los burós provinciales con el fin de descentralizar la participación.
La convención de Manta cierra un capítulo de transiciones internas para el correísmo, enviando un mensaje de unidad y depuración.
Con Rivadeneira al mando y la guía de Correa desde la virtualidad, el movimiento se prepara para una nueva etapa organizativa frente a un panorama político cada vez más fraccionado.


