Relatos palenqueños que nos regresan en el tiempo

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Caminar por las calles de Palenque es respirar historia en cada rincón. Es así, que es común ver, ancianos sentados en sillas de parterres, mientras vehículos, camiones, tráilers y buses cantonales pasan de lado y lado.

Tal fue el caso de Segundo Herrera, de 66 años, casado con su esposa desde la juventud, cinco hijos lograron procrear, pero ninguno llegó a la universidad.

Los tres varones migraron y las dos mujeres viven con sus esposos agricultores. Su vida es un reflejo de las familias palenqueñas cuando ésta apenas era parroquia.

Recuerdos

Segundo recuerda que antes se vivía en el campo. Los niños no lograban completar los estudios primarios y desde los 15 años comenzaban a trabajar en la agricultura.

A los 18 años migró al pueblo (en ese tiempo, centro de Palenque), y desde entonces no se ha ido. Con el fruto de su trabajo en haciendas logró hacer una casa, pero jamás le alcanzó para un terreno y sembrar.

Pese a que trabajó de sol a sol, desde las 06h00 hasta las 18h00, todo lo destinó al bachillerato de sus cinco hijos, más allá no pudo, cuenta.

Ahora, con la ayuda de ellos se mantiene, ya que el Estado no le brinda el Bono de Desarrollo Humano.

No obstante, la agricultura ha sido su hermana. Hoy por hoy, presta terreno para sembrar y comer. A veces trabaja como jornalero, pero ya no tiene fuerzas, el tiempo le ha pasado factura.

El Palenque antiguo

Gónzalo Pincay de 68 años procreó cuatro hijos, pero ahora vive solo en un rancho.

Toda su vida fue jornalero y con el fruto de su trabajo compró una cuadra de tierra donde siembra frutas y maíz.

Rememora el Palenque antiguo cuando sus calles principales no eran asfaltadas y el único medio de transporte era el caballo.

Las personas que salían de los recintos hacia el pueblo se encontraban con viviendas separadas y suelos agrestes, nada de las casas de cemento.

Dijo que con el pasar el tiempo han existido algunos cambios, pero considera que falta mucho por hacer como la instalación de una entidad bancaria y asfaltos en carreteras, también mencionó el agua potable.

Hoy por hoy, sentado en una esquina, junto a sus amigos también de la misma edad, ven pasar los años y esperan un mejor futuro para esta tierra, que luchó por su cantonización. (Erika Hernández)

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