‘Vi trece cuerpos caer de las Torres Gemelas’, Bolívar Arellano ecuatoriano sobreviviente de los atentados del 11S

El espíritu aventurero de Bolívar Arellano lo hizo salir de su casa sin destino y temor alguno. Apasionado por la fotografía cubrió grandes manifestaciones, cubrió la guerra civil de El Salvador en 1982 y en Nicaragua en 1985, en esta última fue secuestrado junto a profesionales.

Cuando creía que ya lo había vivido todo se encontró con el centro del torbellino de los acontecimientos que quedarían para siempre en la historia mundial. El fatídico ataque a las Torres Gemelas, ocurrido hace 20 años en Nueva York por el grupo terrorista Al Qaeda. Esto causó la muerte de casi 3.000 personas, 15 de ellas ecuatorianas.

Su historia

Ese 11 de septiembre de 2001, Arellano estaba cubriendo para el New York Post a los candidatos de la elección de la alcaldía de esa ciudad. Regresó al medio de comunicación a revelar las fotos. Su jefe le informó del primer avión que impactó la Torre Norte.

Con sus dos cámaras en mano apuntaba a todo ángulo hasta que vio que las personas se lanzaban de las torres. Para él, eso fue lo más impresionante que la propia caída de los gemelos.

Fotografió a trece personas, entre ellas, hombres y mujeres que se lanzaban sin zapatos. Unos con los brazos abiertos, otros abrazándose, de espalda o con pañuelo en mano.

“Yo vi los cuerpos caer, el primero lo tomé en el aire y cometí el error de ver el cuerpo y me causó una impresión muy fuerte. El cuerpecito se deshizo y el resto se esparció. Los doce restantes tomaba en el aire y cerraba los ojos cuando iban a chocar con el piso. Fue lo peor, como 17 años duró en mi mente”, relató.

Pero eso no fue todo lo que vivió ese día. El oriundo de Alausí escuchó a un policía que le advertía que saliera del lugar porque las torres iban a caer. Le refutó y decía que eso era imposible, que ya los bomberos apagarían el fuego y no pasaría nada.

Minutos después escuchó un estruendo y vio caer la torre y la fotografió. Pensó que sería la última. Corrió hacia un sargento de bomberos, que también trataba de ponerse a salvo. Fue cubierto por la nube de polvo. Mientras eso suscitaba, en su mente se proyectó una película de su vida, junto a su esposa, padres e hijos.

Luego de esto, Arellano decidió seguir en su profesión y acudió a la Torre Sur. Cuando caminaba por el sitio usó otro de sus rollos para fotografiar a los rescatistas tratando de mover escombros.

Ya en la otra torre, todo lo que pensó que parecía imposible lo creyó. Incluso se puso a analizar por qué lado escaparía en caso de que cayera la otra torre, y así ocurrió.

Volvió a escuchar el estruendo y corrió desesperadamente sin soltar sus cámaras. Por la fuerza del impacto, Arellano voló unos metros y sufrió un corte de tres pulgadas en su rodilla derecha.

No se dio cuenta de la herida hasta que un policía le dijo que ya no podía volver. Acudió, en esas condiciones, al medio de comunicación para revelar las fotos y su jefe lo mandó de inmediato al hospital.

El fotógrafo que ahora trabaja de forma independiente pasó 17 años viviendo el trauma que le dejó aquel día. Lloraba, soñaba, a tal punto que solo una vez acudió a un aniversario. Le costaba contarlo.

Arellano recibió cerca de $ 400.000 como parte de la compensación a heridos durante el atentado. Y otra parte de los seguros.

De estos, $ 325.000 fueron donados a una escuela de su natal Alausí, que asegura que ya no existe. Invirtió para computadoras, sillas, arreglos en general. (El Universo)

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