Alberto Mendoza el eterno feligrés de San Cristóbal 

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Don Alberto Mendoza es un hombre agradable, quien a lo largo de sus años se ha inclinado por servir a Dios directa e indirectamente.

En la parroquia San Cristóbal es un hombre muy conocido, pues es uno catequista.

Mendoza recuerda que, desde los 15 años de edad, allá por el año 1978, tuvo la bendición de acercarse al sacramento de la confirmación a través del Monseñor Víctor Garay y, unos días después, el mensaje del catequista que le correspondió, Maximiliano Ruíz, misionero Vasco, lo impactó.

Fue entonces que se ilusionó y luego se enamoró de Jesucristo, el resucitado “quien nos dice que haya obreros para que el trabajo por su reino continúe y así mismo conocí a María, la madre de Jesús…”, revela. 

De ahí se fue involucrando en la catequesis “es una alegría poder participar en la parroquia, servir a niños, jóvenes y familias”, dice Mendoza mientras observa la imagen de San Cristóbal. 

Parte de la historia

Cuando llegaron las misiones con los sacerdotes españoles José María Guenalga y Francisco Elguezabal a predicar la palabra de Dios, se reunían bajo de un arbolito. “Hubo unas misiones, ahí nos reuníamos con los padres a la sombra del árbol, de ahí vino la idea de crear un templo, así empezó todo”, indicó.

De ahí nació la necesidad de construir un templo, para esto un grupo de personas, presidido por Juan Liu ba junto a su esposa Elvia, tuvieron la iniciativa de construir un lugar para poder reunirse en oración.

En las reliquias de la iglesia San Cristóbal resalta un pergamino, colocado dentro de un cuadro, en el que constan los nombres de hombres y mujeres que trabajaron para lograr la construcción de este ícono de la fe católica de la ciudad, confía.

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